Vinagre, bicarbonato y limón: qué limpian de verdad (y dónde nunca usarlos)
Son baratos, ecológicos y están en todas las cocinas. Pero no sirven para todo: te contamos dónde brillan y dónde pueden hacer daño.

Equipo Limpieza24/7
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Los limpiadores caseros tienen fama de “sirven para todo”. Bien usados son efectivos, baratos y amables con el medio ambiente; mal usados pueden arruinar una cubierta de mármol en segundos.
Vinagre blanco: el rey del sarro
Su acidez disuelve la cal que deja el agua de Santiago, que es bastante dura, en griferías, mamparas y hervidores. Diluido en agua también sirve para vidrios y espejos.
Bicarbonato: abrasivo suave y antiolores
Es un polvo levemente abrasivo, ideal para hacer una pasta con agua y limpiar el horno, las ollas o la cocina sin rayar. También absorbe olores en refrigeradores, zapateras y alfombras: espolvoreas, dejas actuar unas horas y aspiras.
El mito de mezclar vinagre con bicarbonato
La espuma se ve espectacular, pero es básicamente una neutralización: el ácido y la base se anulan y queda agua con acetato de sodio y dióxido de carbono. Puede ayudar a soltar algo puntual en un desagüe, pero como limpiador es menos eficaz que cada uno por separado.
Limón: aroma rico, mismas precauciones
Funciona parecido al vinagre, porque también es ácido, y deja buen olor. Es útil para tablas de picar o el microondas: un bol con agua y limón calentado unos minutos ablanda la suciedad. Mismas precauciones: nada de piedra natural.
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